El Ciclista de Chernóbil

UNA NOVELA  

Dicen que en la ciudad de Pripyat vive gente. A veces aparece ropa tendida en alguna ventana o un huerto donde antes no había nada. Un equipo de periodistas alemanes filmó a un hombre en bicicleta: llegó pedaleando por una calle, tocó el timbre y después siguió su camino. Pripyat, muy cerca de la central de Chernóbil, fue evacuada tres días después del accidente, en abril de 1986. Desde entonces es una ciudad prohibida. Pero dicen que ahora allí vive gente.

 

 

  

"La novela de Javier Sebastián es una obra maestra"
Gregor Ziolkowski. Deutschland Radio Kultur.


 

"Una magnífica novela que aconsejo con entusiasmo a quien busque en la literatura actualidad, exigencia y excelencia". 
Santos Sanz Villanueva. El Mundo. 


 

"Lo atractivo de la narración de Javier Sebastián radica en este fino desarrollo de un mundo paralelo realmente imposible, que fluctúa entre lo irreal y lo auténtico (…) Esa oscilación entre lo documental y lo ficticio, sello distintivo del autor, resulta fascinante".

 Florian Borchmeyer. Frankfurter Allgemeine Zeitung.

 

 

  Alexandre Guillaume, CRIIRAD et Solo East Travel  
 
    
EL SEÑOR HURVATOV HABLA CON SU MUJER     
"Ante la cámara de la Focus WTV de Bélgica, el señor Hurvatov, restaurador de muebles viejos, se queja de que Liudmila, su mujer, quiere tener todo el día la luz encendida. Y eso no puede ser. 

Ella protesta: Pues ponme una vela, por lo menos.

Entonces parecerás una muerta

Liudmila se cruza de brazos.

Ruslan Hurvatov, escucha bien lo que voy a decirte: Como me obligues a estar otra vez a oscuras, hablaré.

Pobre Liudmila, pero tú qué vas a hablar, si no sabes nada. Desde que murió, explica el señor Hurvatov mirando con tristeza a la cámara, siempre está con lo de la luz. Le he dicho mil veces que se acabó la energía eléctrica, pero ella como si no me oyera. Que cuando te mueres ya no hay energía eléctrica que valga".

 

 

"El descubrimiento de la locura: novela de aventuras, thriller, historia de amor, una investigación brillante y magistralmente escrita". 

Korinna Henning. NDR

 

 

 

Premio Cálamo al Libro del Año 2011 http://www.telecinco.es/informativos/cultura/Javier-Sebastian-Corona-Premios-Calamo_0_1550845208.html

 

"Al terminar El ciclista de Chernóbil me daban ganas de repetir las palabras de Aldrin cuando pisó la Luna:Beautiful, beautiful. Magnificent desolation"
Rafael Reig. ABC Cultural.

 

http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/artes_letras/escrito_una_novela_sobre_alegria_estar_vivo.html

 

 

 
 
     
VASILI NESTERENKO (KRASNY KUT, 1934 - MINSK, 2008) 

 

 

El físico nuclear bielorruso Vasili Nesterenko, protagonista de El ciclista de Chernóbil, fue uno de los encargados de las labores de extinción.

Durante los años 70 había trabajado en el Proyecto Pamir, un asunto del ejército soviético que consistía en la fabricación de centrales nucleares móviles para dotar de energía los lanzamientos de los misiles SS-20 y SS-25. 

Al día siguiente de la catástrofe fue convocado a Chernóbil. Su misión, según él mismo declaró años más tarde en el Georges Pompidou de París, fue evitar lo que los primeros cálculos sobre el terreno anunciaban que podía ocurrir en unos diez o doce días: una explosión nuclear 90 veces más potente que la de Iroshima.

 

 

"Una poderosa historia sobre la amistad en un escenario desolado a la manera de Cormac McCarthy"
Il Foglio.
  

 

video.google.com/videoplay
Am Schauplatz mit Christian Schüller. Vasili Nesterenko en la zona de exclusión.



 

 

 

Documentos de la ONU y de la AIEA, los protocolos secretos que difundió la diputada rusa Alla Yaroshinskaia, testimonios de gente que vive en la zona prohibida, fotografías en webs, correos electrónicos, las investigaciones del doctor Andrei Gudkov con el CBLB502, publicadas la revistaScience, las palabras de los muertos: esta novela es una averiguación. 



"Una novela perturbadora y certera que logra triunfar sobre lo irrepresentable"
Domingo Ródenas. El Periódico.

 
 
         
COLONOS DE LA VIDA RADIACTIVA  

Pero El ciclista de Chernóbil también es una celebración de la vida y de la alegría. Pripyat es la ciudad donde las hermanas Zorina convocan un baile y el flaco Laurenti Bajtiárov canta románticas canciones de Demis Roussos, donde vive (o muere una y otra vez) el señor Hurvatov. 


Por Pripyat deambulan desertores de Chechenia, una mujer que olvidó cerrar el grifo del agua el día de la evacuación y eso le atormenta; la maga Parasca, que dice que puede acabar con el estroncio 90 de los cultivos; el matrimonio Jrienko, que se alimenta de las lombrices que encuentran en los desagües; el ex-saqueador Jvórost, siempre vestido con un ajustado traje color vainilla; el guía turístico Yevguenio Brovkin recorriendo las calles de Pripyat en su destartalado microbús o la vieja Nastia, que planta cebollas sobre las tumbas de sus muertos. 

Personajes que organizan la supervivencia y que se niegan a claudicar, colonos de la vida radiactiva. Resistentes.

 

El ciclista de Chernóbil recorre desde la ficción novelesca una verdad que nos sobrevivirá a los seres humanos como especie durante miles de años.

 

 

 

"Una novela emocionante y llena de intrigas (...) de un realismo aterrador".

Eva Karnofski. Deutschland Radio




www.amcmh.org/PagAMC/downloads/DOSSIERCHERNOBIL.pdf
 European Committee on Radiation Risk (ECRR), Chernobyl, 20 years on.




Laurenti Bajtiárov, intérprete de canción ligera, subía al escenario de cine-teatro Prometeus y se ponía a cantar. Algunas veces le seguían los perros, pero él sabía defenderse y los mantenía alejados con un palo. Semyon Pozhar y él hubieran formado un buen dúo, pero no llegaron a encontrarse nunca. He aquí una canción de Bajtiárov en la ciudad vacía de Pripyat. Al final de escucha también la voz de Semyon Pozhar:


www.bbc.co.uk/filmnetwork/films/p005c69b

Pripyat, the city of the future. De David Bickerstaff



"Elegancia estilística (...), fuerza extraordinaria de las imágenes. Narrativa del silencio. El ciclista de Chernóbil es un gran libro".
Álvaro Colomer. Qué leer.

 
 
         
1.536 BECQUERELIOS POR KILO  

 

De El ciclista de Chernóbil :
 

"Ah, no, si el niño guitarrista ya no está aquí, le dijo Dimitri Ermakov, de la escuela de Teremtsy, a Vasia cuatro meses más tarde. 1.536 Bq/kg eran demasiados becquerelios. Semyon, así se llamaba el pequeño de los Pozhar. Empezó a tener fiebre y no había manera de bajársela. ¿Se acuerda de su cara? Aunque usted ve a tantos niños que si tiene que acordarse de la cara de cada uno va listo.

 

Pues me acuerdo, fíjese, decía Vasia. Me acuerdo. Y de la canción que le compuso a su pájaro Anatoli. Y de la cara de Nadezhda también se acordaba ahora muy bien, una cara redonda y asustada, y de la de Víktor Kudriaguin, de la aldea de Malínovka.

  

Ahora me voy acordando de algunos otros nombres, decía Vasia. De Liudmila y sus dibujos, en concreto de uno que se titulaba Adiós a mi amigo-perro. Y también de Antonina, que cantaba en un idioma que decía que se había inventado ella. 

Y de la joven Klavdia, de la aldea de Zhúkov Lug, que nació sin piernas, en su lugar unos muñones. Me acuerdo de la cara, pero sobre todo de las manos transparentes de Slava.

 

Luego desmontaba su espectómetro, lo metía en el maletero del coche y se iba a otro sitio. Y cada trimestre enviaba sus estadísticas al gobierno.

 

Algunos seguían mal, era el caso de Aleksandr Lasyi, de Polesye, que en noviembre tenía 1.064 Bq/kg y un mes más tarde ya no iba a la escuela.

 

En cambio, este niño va mucho mejor. Puesto que en la ficha de la primera visita tengo apuntado 173,6 Bq/kg y después de las tomas de pectina da 137,8. Porque te llamas Nikolai Pokusov, ¿verdad?

  El niño asintió con la cabeza.

 

Nikolai Nikolaevich Pokusov. Nacido en 1990. En Nisimkovichi.

 

Y a ver este otro, de nombre Eugenii Kozhemyakin. Pasa de 79 Bq/kg a 44,3. Tampoco está mal, pero que nada mal.

 

La enfermera tuvo que sentarse, se llevaba las manos a la cara. Mientras, Vasia lo apuntaba todo para su Informe de monitorización radiológica de los niños de los distritos de Vetka y Chechersk, en la región de Gómel. 2006.

 

 

Atención a Aleksandra. Aleksandra Petrovna Chubinets, de Svetilovichi. Pasa de 217,7 Bq/kg a solo 93 becquerelios. Hemos bajado el mal a menos de la mitad.

 

La enfermera quiso abrazar a Vasia, pero antes le pidió permiso. Estaba llorando. Él no esperaba una cosa así y se vio en un aprieto, pues la enfermera era una mujer de una belleza tan sincera que cohibía. Además, no sabía si estaba bien un abrazo delante de los niños. 

Pero al fin consintió. Cómo no iba a estar bien la alegría. Apagó el espectómetro. Dejó los papeles encima de la mesa y abrió los brazos. Mucha, muchísima alegría. Hay que estar contentos. Nikolai Pokusov, Eugenii, Mihail Savenko, Aleksandra Chubinets.

 

Mírenle, muchachos, decía la enfermera mientras le apuntaba con el bolígrafo, él es la vida.

 

Ahora me acuerdo: Nesterenko. Vasili Nesterenko da la vida, cantaban aquellas caras. Y todos daban palmas. Y los que podían se ponían de pie. Sonreían. Vasia, viva Vasili, el profesor Nesterenko.

 

Me acuerdo. Nesterenko es la vida."    

"La nueva novela de Javier Sebastián es un relato que emociona, honesto, sutil, que se desborda en infinidad de caminos para la investigación"
Antonio Cardiel. El Heraldo.

 

EL HOTEL POLESSIA     

El hotel Polessia, donde vive Laurenti Bajtiárov. Desde las ventanas que dan al parque trasero vigila la tumba de Ekaterina, su mujer. Teme que los perros vayan a desenterrarla un día.Vasia le contó que por la calle de los Entusiastas había encontrado una moto Ural de dos cilindros y 750 cc. Que intentaría arreglarla. Un día dejarían Pripyat para siempre y se irían juntos a San Remo.




"Una narración silenciosa y elegante".
Gio Bra. Gazzetta di Parma.
 

 

www.pripyat.com

 

 
   VASIA RECORRE PRIPYAT EN BICICLETA

En Pripyat vivían 48.000 personas hasta que fue evacuada por el accidente de Chernóbil, del que se cumplen 25 años la primavera de 2011. La ciudad está vacía, aunque hay periodistas que recogen testimonios de gente que dice lo contrario. Acaso no sea más que una posibilidad.

Durante años, a pesar de que las autoridades militares controlaban los accesos por carretera, los saqueadores han ido vaciando de enseres la ciudad, para luego venderlos en los mercadillos de Minsk o Kiev, o en pueblos como Slavutich y otros. Existen vídeos en los que se ve a gente llenando un camión de radiadores, de puertas, de sillas. Otro en el que se ve a un hombre montado en bicicleta que aparece por la esquina de una calle y se va. Se sabe con certeza que algunas personas desplazadas han ido volviendo a sus casas.


"Novela documental y de denuncia que impacta por el talento de Sebastián para entrar en lo más profundo y desolador de la naturaleza humana"
J.A Masolliver Ródenas. La Vanguardia.

 

"Javier Sebastián es excelente alternando los tiempos de la narración (...) Posee el don de la descripción deslumbrante y su elegante sencillez conquista desde la primera página". 
Stefano Nicosia. Giudizio Unversale.





De El ciclista de Chernóbil:  


        "Rostislav Jrienko, operario de la línea de ferrocarriles, y su mujer Oletchka habían vuelto a Pripyat después de los años. Igual que las lombrices, que durante mucho tiempo se habían ido hacia lo más profundo. Lo habían observado las abuelas de la aldea de Voznesensky. Pero ahora están saliendo. Se pueden comer y alimentan lo suyo, las lombrices.

 

Les tiene que quitar esta parte, mire. Lo demás se come todo.

 

Eso fue lo que le dijeron a Vasia, así se conocieron, hablando de lombrices. Vasia daba una vuelta en bicicleta para mantenerse en forma y de pronto los vio agachados junto a la cañería de un desagüe, removiendo la tierra con las tijeras. Se miraron. Pasaron un par de minutos sin decirse nada, como si estuvieran contemplando una aparición.

  

Al fin, Vasia volvió a poner el pie en el pedal y justo entonces Oletchka dijo:

 

No se vaya, estamos aquí por las lombrices. Es carne tierna. Saben como las ranas de los estanques y no hay que ir tan lejos para cogerlas.

  Algunas miden un palmo.   

Se miraban con recelo. Como si, aparte de lo que veían, ni la voz de unos ni los ojos asombrados del otro fueran pruebas fiables de su existencia.

 

Antes del accidente de la central, Rostislav Jrienko había estado destinado en la estación de Yánov, junto a Pripyat. Trabajó cinco meses de mantenimiento de sistemas eléctricos, hasta que los evacuaron.

 
        Estuvieron una temporada alojados en casa de unos familiares de Kiev y luego las autoridades les entregaron un apartamento en Slavutych, la ciudad refugio que se construyó a toda prisa con aportaciones de cada una de las Repúblicas de la Unión Soviética. Edificaron a 38 kilómetros de la central. Eso era demasiado cerca.


        Y también era demasiado falsa aquella ciudad de Slavutych, en la que cada calle reproducía la arquitectura tradicional de una República distinta.

 

Teníamos allí una tienda de alimentación. Ropa de trabajo, toda clase de cebos para la pesca. 

 

Oletchka se sentó en el bordillo de la acera y se retiró el pelo hacia atrás haciendo peine con los dedos. Luego se puso a limpiarse las uñas con las tijeras, con cuidado de que no se le escapara el botín de lombrices que tenía en la mano. Mientras hablaba, su marido Rostislav seguía buscando lombrices junto al desagüe. Nos las apañamos, ya lo ve. Y usted, ¿qué ocupaciones tiene?

 

Vasia tragó saliva. Se tomó su tiempo y después dijo que esconderse.

  ¿Eso es una ocupación?, preguntó Oletchka.   

Bueno, también adecento mi habitación del Polessia, donde vivo, media docena de macetas con flores quedarían fenómeno. No hay que abandonarse, es ley para la supervivencia. Y los colchones que estén bien se almacenan, los demás se tiran. La verdad, yo tampoco estoy mal del todo. Pripyat empieza a gustarme. Cada vez vamos saliendo más gente del agujero. Acabaremos fundando una vida nueva, así lo veo yo.

  Oletchka se le quedó mirando.   

¿Se esconde porque es usted un delincuente?, interrumpió Rostislav Jrienko dirigiéndose a Vasia con un puñado de lombrices en la mano, tenía esa preocupación y quería una respuesta. Según lo que escuchara, le regalaba una.

 

        Vasia se echó a reír. Oh, no, ningún delincuente. Y entonces casi se le escapa que era físico. Más en concreto, físico nuclear. Constructor Jefe de la Planta Nuclear Móvil del Proyecto Pamir. Pero se calló. Y aún se reía más. La desfachatez de reírse en aquella Pripyat polar junto a Oletchka y su marido, Rostislav."

 

 

El profesor Vasili Nesterenko, uno de los físicos nucleares más importantes de la Unión Soviética, trabajó durante 20 años para el ejército en el desarrollo de centrales nucleares transportables que alimentaran de energía el lanzamiento de misiles intercontinentales, los SS-20 y SS-25 de la época Reagan. Se llamaba “Proyecto Pamir”. 

  

Al día siguiente del desastre, el profesor Vasili Nesterenko fue convocado de urgencia a la central, pues se temía que entre 10 y 12 días después del accidente pudiera producirse una explosión nuclear convencional. Si eso hubiera sucedido, según declaró en el Goerges Pompidou de París en 2002, toda Europa sería ahora inhabitable. 


Al fin, gracias entre otros al profesor Nesterenko, eso no ocurrió: usaron nitrógeno líquido y planearon un ingenioso sistema de dragado subterráneo. Miles de bomberos volvían a la superficie con la cara quemada de la radiactividad, con manchas negras en la piel (según cuenta el físico ruso Vasili Yavlokov, en Chernobyl, 20 years on, el 99, 97% de ellos han muerto o están muy enfermos), pero no hubo explosión nuclear. Después de aquello, el profesor Nesterenko abandonó el ejército y, con la ayuda del Nobel Sajarov y el ajedrecista Karpov, fundó el BELRAD.

 

 

 

 

 

www.belrad.nsys.by/

 


 

El ciclista de Chernóbil cuenta, entremezclados en una trama novelesca y de ficción, algunos episodios de la vida de Vasili Nesterenko, hasta que un intento de asesinato lo lleva a refugiarse temporalmente en Pripyat, donde nadie habría de buscarle. Después de un tiempo en la más rotunda soledad, va poco a poco encontrándose con gente que se esconde por los edificios. 


Con la ayuda del joven Yevguenio Brovkin, un guía turístico que les lleva comida limpia a cambio de participar en un negocio de exportación de especies que han mutado por la radiactividad, Nesterenko organiza la reconstrucción y la vida en la ciudad, convirtiéndose en jefe del gorkom, que es el máximo organismo administrativo municipal en tiempos comunistas. 

 

 

 The last film of Vladimir Shevchenko

 

 

  Chernobyl, consequences of the catastrophe for people and environement. 
Alexey V. Yavlokov, Vassily B. Neterenko y Alexey V. Nesterenko.
Annals of the New York Academy of Science, vol 1181.
(La foto es un enlace a fragmentos del libro en Google Books)     De El ciclista de Chernóbil:

"Junto a los árboles secos Vasia vio al fin una empalizada. La casa era una khata al estilo ucraniano, de tabla oscura. Apoyó la bicicleta contra el pozo. Vengo de parte de Laurenti Bajtiárov, gritó a distancia. Le traigo un par de botas de regalo. 

Entonces abrió la puerta una mujer envuelta en trapos, esa era Nastia Ósipovna Eltsova, creía que así, con tanta ropa, se protegía de la radiactividad. Hablaron de las fuerzas transformadoras, de las personas que saben callarse a tiempo, del espíritu moderno.

Ella le contó que tenía a su yerno enterrado en la parte de atrás de la casa. Su yerno Piotr, un fenómeno de la electrónica. Y que para señalar la tumba, aparte de poner una cruz, plantó cebollas alrededor. Las plantó de forma que delimitaban un corazón”.  
   
   UN CORREO DE VARAKSINA_70, DE KIEV (UCRANIA)     De El ciclista de Chernóbil:


"Varaksina_70, de Kiev: Hay que pagar 400 dólares, es lo único, y no pensar tanto en el uranio 235. Porque peor es el torio. Catorce mil millones de años, esa es la vida media del torio 232 según el Laboratorio Nacional de Los Álamos. Los de Solo East Travel se ocupan de todo. Siete en punto en el andén “Shouthern” de la central de autobuses, allí estará Brovkin, el guía. 

Hay ofertas, depende de las fechas sale hasta un 30% más barato. Vale la pena. La merienda con habitantes de Opachychi se paga aparte. La otra pregunta tiene que ver con unos alambres de espino. Pero yo no los he visto. 

No van a estar ahí mil años. También al principio había charcos amarillos, y ya no se ven. La gente dice muchas cosas, pero nada dura mil años. Y menos catorce mil millones de años, como ese torio 232 del que ahora habla todo el mundo, la gente está loca.

   
Also, please read this FAQ:
forum.pripyat.com/announcement.php

Best Regards. Varaksina_70 wrote. From: Varaksina_70. To: El ciclista de Chernóbil. Sent: Monday, August 17, 2009 12:36 PM. Subject: About a visit."  
 
      
     

En la novela se habla de un cantante, imitador de Demis Roussos, que merodea por el cine-teatro Prometeus probando la acústica de las salas, de una mujer que entierra a su yerno electricista bajo un huerto de cebollas plantadas en forma que delimitan un corazón.



De una prostituta llamada Katia Badáyeva, que se va muy lejos porque de pronto todos los hombres habían empezado a oler mal, de un niño que compone canciones tristísimas a su pájaro Anatoli.



De un hombre muy presumido que viste un ceñido traje color vainilla para impresionar a Anna Zorina, de Yana Ledneva, que siempre va diciendo que no lleva nada debajo de su vestido de color verde martín pescador, de un soldado que no puede quitarse de la cabeza el gol de Maradona contra Inglaterra en la final del Mundial de 1986 (el mismo año del accidente). 


De un científico que cree que el paso del cometa Halley en aquellas fechas de 1986 tuvo mucho que ver, de decenas de personajes que van y vienen con sus insignificantes miserias.

   
 
En El ciclista de Chernóbil aparecen los niños del oso recortable de la escuela de Skorodnoyé: 

 

"Llamaban a la puerta y asomaban la cabeza. Después pedían permiso, bien aleccionados. Cada uno llevaba en la mano un juguete. O, si no, un oso de papel recortable, o vaca o alce, según se mirara, y con eso se les convencía para que fueran a ver a Vasia y al radiometrista que iba con él. Cuando volvían a la clase tenían que dárselo al niño siguiente, de manera que el recortable iba pasando de mano en mano, pues a la maestra le había faltado alegría para dibujarle uno a cada niño. El de la chaqueta de colores no llevaba recortable, ni juguete, sino una botella de agua. Tenía que beber constantemente, porque se orinaba sin parar, escribió la maestra en una nota que sujetó con un imperdible en la chaqueta del niño. Le habían intentado poner pañales, pero se avergonzaba y no quiso, así que llevaba todo el día el pantalón mojado. Y los demás ya lo sabían y habían dejado de reírse. No se ría usted tampoco".